domingo, 19 de octubre de 2014

Fuiste tú la que pensaste que podríamos salvarnos,
que no todo estaba perdido.
Pero del invierno sólo nos ha quedado el vaho
y un profundo olor a ceniza.

Huele a polvo y a humo en este desván
en el que ya no hay nada que recuerde que una vez fuimos 
más que la huella de unos zapatos sucios y un empañado cristal.
Tu mirada vacía como ese cajón olvidado.

Ese espejo devuelve una imagen que no es la tuya,
no te reconoces en esos ojos polvorientos y tristes,
en esas paredes sólo hay fantasmas de lo que ya no buscas.
Tus manos apretadas dilatando la despedida.

Es difícil pisar el suelo que cruje
y no hallar respuesta en este desconsolado silencio.
La lluvia en la ventana marca un tiempo que no transcurre,
la llave cierra la puerta. Ahora todo es olvido.

Unos zapatos sucios bajan la escalera.