domingo, 26 de diciembre de 2010

Vacío

Y entonces dejas de respirar. En ti solo existe ese vacío, silencio. Tu cuerpo ajeno a todo sigue funcionando, no sabe que ya está muerto, lo que prolonga tu sufrimiento. Pero, ¿puedes sufrir ahora que no eres nada? Caminas como un autómata, una marioneta que se mueve en función del viento. Y nadie te lo reprocha. No eres el único que se condenó al silencio, a la muerte, a ese vacío que duele si quiera mirar. El sol inconmovible vuelve a salir cada mañana. Hoy te diriges a un lugar al que ya casi perteneces. No te asusta. Estás en casa. Paseas por las lápidas manchadas con el llanto de aquellos que aún pueden lamentarse, por las lápidas solitarias que permanecen olvidadas y aquellas en las que reposan compadecedoras  flores. Se respira la muerte, sí, pero también la tranquilidad. Nadie osa romper el silencio eterno excepto con su dolor. En ese momento ninguna persona está allí. Las cruces se elevan al cielo pidiendo ayuda, quizá, perdón. Con pasos lentos, no desentonas de aquel lugar tan gris. Te sientas sobre una tumba cualquiera, la tumba de alguien que dentro de dos generaciones ya no será recordado, como si nunca hubiera existido. Así, entre dos lápidas, ves algo. Te acercas y descubres que es una flor. La más bonita que nunca antes habías visto. Entonces te comprendes; al igual que entre tanta muerte puede haber vida, en una vida puede esconderse la muerte.

viernes, 29 de octubre de 2010

Viaje hacia la verdad de ti mismo

Ando desnudo por un lugar extraño. Miro todo desde un ángulo al que no me acostumbro. ¿He encogido? Paseo por las llanuras repletas de árboles, amarillos, rojos, violetas, rosas… Veo un lago al que me asomo. ¡Soy yo de niño! Empiezo a correr y a mi paso brotan flores. Sonrío como si fuera la persona más feliz del mundo. Miro a las nubes y veo una piruleta que inmediatamente se materializa en mis manos. Corro y salto sonriente como solo saben los niños. Cuando piso el suelo cambia de color, y es ahora cuando me percato de que el cielo también ha cambiado. Veo un barranco y, decidido, me lanzo en picado y cuando creo que voy a caer despliego mis alas y vuelo, aún con la sensación de vértigo. Me tumbo en una nube mientras saboreo la piruleta que descolgué del cielo. Soy plenamente feliz y no parezco necesitar más que mi gran piruleta.
Creo que estoy cambiando, ahora lo veo todo desde otra altura.

Estoy caminando, esta vez, vestido. He crecido. Me encuentro con el lago y vuelvo a asomarme. La imagen está borrosa, pero aún así distingo el acné que me caracterizaba en la adolescencia. El paisaje también ha cambiado. Ya no tiene tanto color, el cielo es azul y el camino del color de la tierra. No hay más.  Al intentar coger una descubro que las formas de las nubes ya no se vuelven tangibles. Oigo algo que viene por detrás. Es como…Agua. Me giro justo para descubrir como viene hacia mí una ola gigante. Me preparo para el golpe y me uno a la ola. Ahora soy mar. Sólo una gota entre tantas otras. Pequeña. Casi nada…

No sé cómo ni cuándo he dejado de ser una gota, pero ahora vuelvo a ser yo. Tampoco sé que edad tengo y me aproximo al lago para verme. No puedo hacerlo: ahora el lago es opaco. Siento frío y me abrigo más. Me doy la vuelta para seguir caminando y descubro que lo que antes era un camino y aún antes una senda entre árboles, ahora es tan sólo un frío desierto. Se me antoja todo gris, monótono. Las nubes ahora son tan sólo nubes. Cada vez me cuesta más seguir caminando. Siento un tirón y caigo hacia atrás. Pienso que quizá me haya enganchado con algo, pero entonces veo que llevo atado un pesado reloj al pie derecho. Me pongo en pie e intento avanzar a duras penas, he de estar pendiente del reloj para que no se rompa. No sé por qué, pero sé que debo impedir que se rompa, por lo que camino al ritmo de su tic-tac. Noto cómo mi cuerpo vuelve a cambiar y, cuando quiero darme cuenta, mis manos están ya curtidas por los años.

Vuelvo a estar desnudo, ha desaparecido el enorme reloj y atisbo ahora un oasis. Me dirijo hacia él y, después de un cansado caminar, descubro que era un maldito espejismo del lago. El desierto es sustituido por un paisaje en blanco y negro. Todas las figuras se hayan desdibujadas. Los árboles se hayan desnudos, a la intemperie. Miro a las nubes, pero ya ni siquiera puedo verlas. Avanzo sin prisa intentando llegar a lo auténtico, a lo que soy. Cansado, me paro y descubro un retazo de lo que soy en realidad, estoy en el umbral del conocimiento. Sonrío como cuando era niño. Entro y siento un chispazo que enseguida desaparece. Para entonces, yo no soy más que oscuridad.

jueves, 7 de octubre de 2010

Atrapados por lo tangible

¿Cómo sostener un puñado de lluvia?
¿Cómo atrapar un trocito de cielo?
¿Cómo coger y manipular el tiempo?
¿Cómo tener alas y volar lejos?

¿Cómo limitar la esperanza?
¿Cómo alegrar la tristeza?
¿Cómo acompañar la soledad?
¿Cómo congelar la belleza?

¿Cómo hallar las respuestas de la vida?
¿Cómo vivir sin temer a la muerte?
¿Cómo morir sin temer a un infierno?
¿Cómo racionalizar lo que uno siente?

¿Cómo buscar a Dios entre tanta mierda?
¿Cómo creer en él cuando el alma espera?
¿Cómo saltar al vacío sin reservas?
¿Cómo pasar a la realidad lo que uno sueña?

¿Cómo cambiar el mundo sin armas?
¿Cómo hacer las armas innecesarias?
¿Cómo hablar cuando todos gritan?
¿Cómo seguir cuando todo caiga?

¿Cómo hacer de la soledad una amiga?
¿Cómo hacer del silencio un cómplice?
¿Cómo hacer de la ambición pedazos?
¿Cómo confiar en lo que luego se rompe?

¿Cómo liberarte cuando todos se apresan?
¿Cómo ser feliz cuando todos te desprecian?
¿Cómo hacer que cada segundo merezca la pena?
¿Cómo arriesgarte cuando todos se quedan?

¿Cómo amar cuando nunca te han amado?
¿Cómo sonreír  cuando siempre has llorado?
¿Cómo saltar cuando siempre has camindo?
¿Cómo tener fe cuando siempre has desconfiado?

¿Cómo apropiarse de lo abstracto cuando vivimos atrapados en lo que tocamos?

Volver a empezar

  Por favor, que llueva, deseo en voz baja mirando el soleado día desde mi ventana. Por favor, que llueva, que el agua borre de mi alma aquellas huellas que dejasten en ahora esa lejana playa. Lluvia, cae sobre mí, necesito que el agua limpie las vergüenzas de mi pasado para poder construir un futuro ¿feliz? Que llueva, y se confundan mis lágrimas con las gotas, mis sollozos con el rugir de los rayos. Necesito la serenidad del agua para calmar el ardiente dolor que ahora me llama. Que llueva, y pueda salir a disfrutar de la simpática soledad de mi pasado borrado. Y que mis húmedos labios sonrían al presente que viven y al futuro que vivirán. Y que salte por encima de las nubes, de la tormenta, y me confunda con un cielo gris que llame a mi libertad de vuelta. Que llueva, y las calles mojadas reciban mis nuevos pasos, decididos a quiarse por la incertidumbre del rumbo que decidirá mi camino a tomar. Y que la soledad me invada, y no necesite más a la lluvia pata borrar mis lágrimas. Que llueva, y deje mi paraguas en casa, y la lluvia me moje y resbale mi alma. Y baile al son de la tormenta, sonriendo, dejando que las gotas caigan sobre mi húmedo sueño. Y viva, por fin, la vida como quiero. Desatar mis alas y ver que el límite es el cielo. E imaginarlo. E ir guiando mis pasos hacia el mundo soñado. Que llueva y, sea, por fin, lo que deseo.

martes, 28 de septiembre de 2010

Oscuridad

Corre como si la oscuridad no puediese alcanzarte,
Corre como si la oscuridad no te hubiera alcanzado ya,
Corre como si la oscuridad no envolviese tu alma,
Corre como si no fueras ya oscuridad.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Inútiles intenciones


Hoy me convertiré en alguien. Dejaré de ser ese personaje anónimo y transparente que pasa desapercibido. Hoy destacaré, ya no seré alguien del montón. Hoy me he levantado con algo que hacía mucho tiempo no sentía: fuerza. Esa fuerza que te impulsa a luchar por lo que quieres sin rendirte, sin quejarte, que te hace cambiar el mundo. Y lo haré. Hoy quiero cambiar el mundo. Combatiré las lágrimas con sonrisas consoladoras y me esforzaré por eliminar la causa de ese llanto. Hoy lucharé por no desechar esos pensamientos desgarradores, desoladores, que acechan mi mente de vez en cuando. No los olvidaré para poder hacer algo por ellos. Poco, muy poco quizá pero poco siempre es mejor que nada. Hoy empezaré todo lo que deseo para que mi nombre no se pierda en los anales de la historia, para que mi recuerdo perdure y quede de mí más que esas anécdotas que mi familia pueda llegar a contar. Porque ésas sé que también se perderán. Quiero que en un futuro alguien piense en mí y diga: ¡Que buena persona, lo que hizo él solo! Y sigan mi ejemplo y aporten, poco a poco, su granito de arena. Porque amigos, un desierto está formado por granos de arena, un océano por gotas de agua, la Humanidad por personas capaces de romper los límites que ellas mismas se imponen. Y no lo saben. Desconocen que los límites te los pones tú. Y que se pueden romper. Hoy ayudaré a alguien. Donaré dinero para aquellas personas que tanto lo necesitan y de las que tan fácilmente nos olvidamos. Daré mi ropa vieja a un contenedor. Hoy lucharé contra todas aquellas cosas que se interponen entre la realidad y mi mundo ideal.  Hoy visitaré un geriátrico para que todas aquellas mentes (tanto las confundidas como las cuerdas) puedan tener alguien a quien contar por milésima vez sus hazañas de cuando eran jóvenes. Hoy dejaré de ser pasivo. Hoy procuraré dar el apoyo de todos los que me necesitan y que yo ni siquiera me había dado cuenta de que necesitaban mi ayuda. Hoy me uniré a la lucha contra el cambio climático que algunos aún se niegan a reconocer como existente. Hoy proclamaré a los cuatro vientos que aún queda un poco de esperanza, que todos podemos formar una unidad que acabe con nuestros problemas. Hoy demostraré lo absurdo de la ambición y proclamaré lo beneficioso de la generosidad. Hoy lucharé por dar voz a aquellos a los que se ha dejado de escuchar o quizá nunca se escuchó. Hoy, definitivamente, lucharé por cambiar el mundo.
 Pienso todo esto tendido en la cama de mi habitación. Me levanto. Creo que ya cambiaré el mundo otro día.
Y así, poco a poco, las oportunidades de lograr lo que queremos se pierden entre la multitud de “mañanas” que dibuja la gente que aún no ha sido capaz de vencer a la pereza y al miedo que siempre impone arriesgar. Así, poco a poco, la gente deja de buscarle forma a las nubes.

martes, 14 de septiembre de 2010

Querida muerte:

Hoy, Muerte, aléjate de mí. Aleja tu trémula mano de mi alma infeliz. Reconozco haberte llamado en silencio, temiendo y anhelando tu mortal beso. Pero ahora lo lamento. Aleja tus cuencas vacías de mis aún vivaces ojos, guarda la guadaña con la que un día habrás de sesgar mi rostro. Muerte, me equivoqué contigo. La soledad y el sufrimiento hacen de uno espejismos. Muerte, ahora me asustas. No tapes con tu oscuridad el débil fulgor que he conseguido incendiar en lo que antes fue el nido de mi dolor y llanto, el lugar en el que te llamé con los labios apretados. Muerte: ¿estás realmente al destino unida? ¿O son las casualidades aquello que te guía? Muerte, ¿a dónde me conducirás? ¿Existe realmente el Más Allá? Desgraciada Muerte ¿acaso disfrutas con tu trabajo, o sufres cada día por las vidas que has matado? Muerte, eres tan atractiva cuando el dolor se convierte en tu vida...Te pintan apacible pero ¿no puedes ser dolorosa? Muerte, no me hables, temo el murmullo de tu muerta boca. Lúgubre sonido el de tu túnica al rozar el suelo: ¿qué es lo que uno puensa cuando ya se sabe muerto? Muerte, no conviertas en vidriosos mis ojos, en fría mi piel, en inexistente mi alma. Muerte, sé buena, mi invitación ha sido retirada. Muerte: ¿me estás esperando? Si es así, ¿dónde te encuentras? Quizá mejor no saberlo, el conocimiento de tu final hace de los días un tormento. Destino: ¿existes? ¿Mi muerte ya está escrita o se escribirá sola? Muerte, no respondas, ocúpate de limpiar la sangre que mancha tu hoja. Muerte ¿eres feliz o tu rostro es el eco de tu tenebrosa alma? ¿Alma? ¿La tienes acaso? Muerte, tus huellas quedan borradas tras el ocaso. Ocaso, palabra que describe tu trabajo. Cuando el sol se pone deja paso a la oscuridad. Pero la diferencia es que la persona no resucitará. Muerte: ¿tendrá mi epitafio bonitas palabras o sólo las de aquellos que me odiaron en vida? Muerte, ¿dónde quedó tu justicia? ¿Dónde se encontrará tu alma perdida? Muerte: ¿está escrito mi nombre e tu lista? No me lo digas, quédate en tu solitaria guarida. Muerte: ¿no te cansas de la soledad? Sé que asfixia, por eso osé un día a imaginar tu compañía. Muerte, ¿ya es tarde para soñar, o aún queda una esperanza para la Humanidad? Muerte, ya no quiero pensar más, aléjate de mí, no quiero tu frialdad.

Muerte, sólo por hoy: déjame en paz.

Tiempo perdido

Al final siempre resulta que nos faltó tiempo.
Tiempo para decir aquello que no dijimos,
para sentir todo aquello que no nos atrevimos a sentir.
Tiempo para hablar, para comprender
Tiempo para aprender a ser.
Tiempo para conocernos, para confiar
Tiempo para volver a empezar.
Tiempo para compartir miradas, caricias, sonrisas
Tiempo, para compartir una vida.
Tiempo para imaginar, para soñar
Tiempo para bailar y disfrutar.
Tiempo para vivir, para enamorar
Tiempo; para la libertad.

Pequeño inocente

Pequeño inocente de alma auténtica, por tu propio bien; no crezcas. La realidad destruye la inocencia, impulsa al alma a vivir engañada ocultando la autenticidad antes expuesta. Sincero corazón, no te abras ante el mundo, éste te hará mentiroso, frío, duro. Verdadera sonrisa, no te dejes borrar, las vergüenzas de la Tierra habrás de ignorar. Dulce y alegre concencia, no quieras madurar. De lo contrario las crueldades del mundo sobre ti se vertirán. Empañarán tu alegría, tu eterna sonrisa. Pequeño inocente: no crezcas nunca. Ilusionados ojos, no miréismás allá, es poca la belleza entre tanta maldad. Ávida boca, piensa bien antes de hablar, si eres inconformista mucho queda por andar. Pequeño inocente, no quieras saber más. Disfruta ahora más tarde crecerás. Ansias de saber escondéos unos años, ya podréis después conducir al desengaño. Cosas bellas de la vida mostrad todo vuestro esplendor. Sólo los pequeños inocentes sabrán apreciar vuestro candor.

Pequeño inocente de alma auténtica, sincero corazón, verdadera sonrisa, dulce y alegre conciencia, ilusionados ojos y ávida boca disfruta de tu momento, futura mariposa. No quieras ser mayor, atesora tu felicidad.
Pequeño inocente: no crezcas más.

Pacto con el diablo

Vendí mi alma al diablo por unos míseros deseos. Arrojé mi dignidad al mar para poder mostrarme como yo me veo. Pero ahora, sin mi alma, ya no soy lo que era y me pregunto: ¿mereció verdaderamente la pena? Cansado por no poder conseguir lo que quería y acosado por una opción casi prohibida caí en el juego de aquél que las llamas eternas custodia. No tuve miedo, confiaba tanto en él…Parecía que todo te incitaba a creerle. Sus bonitas palabras disfrazadas en un cuerpo hermoso al contrario de lo que la gente cree. El diablo es guapo, por eso la gente se niega a reconocer caer. Puede adoptar cualquier forma y no intentes resistirte. Caerás, oh débil humano, ante lo brillante del mundo ofrecido por sus labios. No pensarás que es él hasta caer en cuenta de tu error. Ya tarde amigo, los pactos con el diablo son definitivos. Maldecirás como yo hice, tu infinita estupidez, y pensarás ¿cómo pude caer? Todo el mundo se cree especial hasta que se da cuenta de que todas las personas tropiezan con la misma piedra. Yo me crucé con el diablo en una tarde lluviosa. Todo el mundo se ocultaba bajo sus paraguas; él se dejaba acariciar por las gotas. Nos conocimos y le quise de inmediato me enseñó a encontrar la felicidad bajo el dinero a espuertas ganado. Luego me dijo que hallaría más felicidad en el poder. Después vendí mis sueños por ese mísero papel. Él me dibujó el futuro más bello que pudiese imaginar para ello yo sólo tenía que renunciar a todo lo que había sido, a todo lo que era entonces. Tenía que renunciar a mi personalidad. Fue entonces cuando la frialdad se adueñó de mi cuerpo ya vacío. Vi al demonio jugar con mi alma y miré envidioso, cómo se lo pasaba. Intenté hablar con él, pero no sirvió de nada. Me volvió a engatusar con sus bellas palabras. Cual inocente insecto fui enrollándome más en su red. Cual astuta y divertida araña, miraba cruel testigo él. Mis pasos se hicieron monótonos, mi mente estaba confusa. ¿Cómo reparar la pérdida de tu alma? Y la pregunta más dolorosa que yo mismo rehusé hacerme pero que se coló en mi pensamiento ausente ¿Quién era? Ya no lo sabía. Un imbécil, quizá. Porque ya se iba desdibujando mi anterior felicidad. La estupenda vida pintada por el diablo caía dolorosamente sobre mí. La realidad me volvió a invadir. De repente deseé morir. Aunque sabía a dónde iba a ir. Un día como otro cualquiera el diablo se apiadó de mí. Me llevó al infierno invitándome a pasar. Aunque yo había de soportar verle con mi alma disfrutar. Pero ¿qué más daba ya? Le pedí que me hablase y continuó con sus historias. Volvió a hablarme de la felicidad y los sueños, volvió a confundirme, pero esta vez lo quise a propósito. Despacio, suavemente, me abandoné a sus dulces palabras. Lenta, muy lentamente, olvidé quién fui y lo que él me había hecho ser. Y así, al calor de las llamas, fue donde terminó este ser estúpido que se dejó engañar por lo que unos llaman diablo, ése que está compuesto por el egoísmo y la ambición, dulce tirano.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Cuando la oscuridad de nuestro interior nos inunda

En esta noche oscura te llamo, casi a gritos
Las sombras me acechan y temo que me capturen
No te veo y te sigo llamando
El temor a las sombras sube

Yo me digo: "No es real"
pero, ¿hasta qué punto la realidad existe?
El tiempo se escurre entre mis dedos y me pregunto:
¿cuántos segundos que merecieran la pena viviste?

La soledad me envuelve con su violento abrazo
intento apartarla, ahora no la quiero
pero ella es más fuerte y abraza mi alma
¿Por qué es tan difícil querer ver el cielo?

A la oscuridad se acostumbran mis ojos
A la presencia de las sombras, mi miedo
Pero sigue habiendo algo inquietante
¿Por qué no puedo verlo?

Con tanta soledad siento que te necesito
Te vuelvo a llamar, pero puede que no me oigas,
¿Y si ya es demasiado tarde?
¿Y si he de quedarme sola?

Las sombras me vuelven a acechar
¿Es que nunca se marcharán?
De repente veo algo, pero temo que no sea real
Estás allí de pie, miro tu caminar

Te acercas, ya no tengo miedo
Podré salir de este lugar
Me hablas, me tranquilizas
Nada puede salir mal

Me tomas e la mano y me conduces
a la libertad, ¿quizá?
Me despido de las sombras
sé que volverán

La luz vuelve a invadirme
Mi felicidad vuelve a estallar
Sólo cuando me giro para mirarte
descubro que no estás

Aún así permanezco allí
El silencio de la oscuridad aún me intimida
sé que regresará en busca
de mi otra vez alma perdida

Tortura

Sale desorientado, mira a su alrededor. Los aplausos y gritos le confunden aún más. De repente ve algo rojo. Un hombre se acerca invitándole a pasar. Primera banderilla. Empieza a sangrar. Pero el espectáculo acaba de comenzar. Los cómplices aplaunden más a medida que su incomprensión aumenta. ¿Dónde estaba su pradera? A cada banderillazo su dolor se hacía más agudo y subía la intensidad de los vítores. Él, loco de dolor, comenzó a correr por la pista. Aquella cosa roja volvió a llamar su atención. La sangre manaba de su cuerpo como un torrente. Casi no podía andar. Era una tortura. La gente seguía gritando mientras él intentaba mantenerse en pie a duras penas. El rojo cubría su cuerpo maltratado. Las agujas que le había introducido se clavaban más a cada paso, aumentando su instintiva furia. Cuando, tras otra estocada se desplomó en el suelo mugiendo de dolor, el hombre se le acercó y le clavó aquella espada que habría de acabar con su vida. Henchido de orgullo, el asesino levantó su montera ante el público, que le vitoreaba con pura admiración. Mientras, a su lado, el cadáver del toro seguía aún caliente.

viernes, 20 de agosto de 2010

Eternidad

Una figura de aspecto etéreo permanecía en mitad de la inmensa sala blanca. Cepillaba su kilométrico cabello, única prueba del paso del tiempo. Su rostro se había quedado congelado en una expresión atemporal, impertérrita que no denotaba ni alegría ni tristeza o impotencia, sólo la resignación de aquél que ya no espera nada, que ya no tiene nada que perder ni, tan siquiera, su vida. Sus ojos, como profundos pozos, habían perdido el brillo de la ilusión, que había sido sustituido por el brillo de aquél que todo lo ha visto. La eternidad es un regalo envuelto en un bonito papel pero, que al abrirlo, se transforma en cadenas que atan tu vida, y, cuando quieres quitarlas, es tarde, no puedes hacer nada más que resignarte ante el destino que tú mismo te has buscado. Bien lo sabía ella, que había visto como su don se transformaba en una condena de la que no podía deshacerse. Al principio la recibió como el mejor regalo que podían entregarle pero, cuando, poco a poco, vio como todos sus seres queridos iban muriendo mientras ella permanecía imperturbable, cada gota de sangre de cada persona amada empañaba su ideal de eternidad. Se convenció de que era algo inevitable con lo que debería vivir, una consecuencia de la elección que ella había efectuado, un daño colateral que, aunque la dolía, aceptaba pensando que merecería la pena. Viajó, formó una familia a la que también tuvo que ver morir. Dicen que no hay mayor dolor para unos padres que sobrevivir a sus hijos, pero ella tenía que soportar ver morir a sus nietos. Volvió a viajar, convencida de que hallaría la felicidad tarde o temprano pero, con los años, comprendió que su juventud e ignorancia la había llevado a cometer el mayor error de su vida. Un error que ya no se podía enmendar. Amó a más personas, tuvo más hijos, pero cada año se hacía más insoportable ver como todo el mundo avanzaba menos ella, parada entre la multitud. Y, perdiendo, poco a poco, sus recuerdos, ¿cómo se llamaban sus padres? No podía recordarlo, había demasiado tiempo de por medio. No podía contabilizar sus intentos de hallar la felicidad en un amor que, al final, no hacía sino añadir dolor a su ya martirizada alma. Todas las familias que había formado, todo el dolor que había sufrido al perderlas, era ya algo difuso en su memoria. Demasiados años. No podía saber ya a qué lugares había escapado para intentar amortiguar su dolor, ya no recordaba el sufrimiento que había experimentado cuando, en esos lugares, conocía a más personas a las que amar sabiendo que morirían todos antes que ella. Con el transcurso de algún que otro siglo decidió que no quería ver más. Había sido testigo de todas las atrocidades cometidas por los hombres que, pese al paso del tiempo y a la creencia de que las personas habían avanzado junto al mundo, se repetían. Ambición, egoísmo, indiferencia, ignorancia, dolor, odio, crueldad, hipocresía, mentiras. Siempre era igual. Era muy duro ver como el mundo poco a poco era destruido por aquellos que decían quererlo, ver cómo estos sentimientos permanecían en el corazón de las personas igual, o con mayor intensidad que hace siglos, porque ahora también hallaban justificación para sus actos. Cierto era que también habían permanecido sentimientos buenos, pero éstos no servían ya para cambiar un mundo dominado por la ambición de los poderosos y su falta de consideración. Cuando descubrió todo esto decidió no ver más, no oír más que aquellos recuerdos que quería conservar y que sabía que si seguía viviendo como antes con el paso de los siglos, olvidaría, se confundirían en su memoria con toda la información que se debía obligada a procesar. Así pues, hizo una pequeña habitación, la pintó completamente de blanco y aguardó a que el Sol fuese tan viejo que se convirtiese en una supernova y explotase, llevándose por delante a la Tierra, o quizá no era necesario esperar tanto y tenía lugar una glaciación antes. De repente constató que no era necesario esperar tanto, los mortales, con su férreo corazón y su poderosa ambición acabarían con La Tierra antes que el propio Sol. Con una sonrisa irónica y rememorando sus pocos recuerdos de tiempos mejores, aguardó una muerte que esperaba que no tardase mucho en producirse. Fuera, el mundo seguía ajeno a la rendición de la eternidad.

Ángel con cadenas

Jadeante te vas quitando los zapatos, el vestido, las enaguas y ese maldito corsé que te impide respirar. Te adentras en el bosque. Huyendo de todo y de todos. Forcejeando con tu yugo. Corres gritando lo que no puedes gritar, riendo las sonrisas que no puedes esbozar, derramando las lágrimas que no puedes derramar. Necesitas liberarte. Aunque no sirva de nada. Aunque los problemas no se vayan. Aunque tengas que volver y tu celda se estreche aún más. Tan sólo necesitas poder escapar, huir del qué debo hacer, del cómo debo portarme y, sobre todo del qué pensarán los demás. Quieres gritarles a todos y hacerles ver lo estúpido y absurdo de sus vidas, hacerles comprender que su forma de ver el mundo es como una jaula, pero se sienten refugiados haciendo más poderosos a los fuertes y dejando a merced del lobo a los débiles. O eso crees tú. Necesitas hablar con alguien que te entienda, con algún criado quizá, y así poder desahogarte, pero está prohibido y condenado. Es incomprensible. Lo único que entiendes es que te sientes completamente sola en medio de una marea de gente que va y viene, gente que pasa por tu lado sin rozarte, y no consigues ver el lugar donde encajas, tus pensamientos te alejan de todo lo demás haciéndote sentir encerrada en tu propia vida. Lloras sin quererlo. Aunque, ¿qué más da ya? No tienes que contentar a nadie, y  a nadie le importa cómo te sientes y no te lo preguntarán. Sabes que los demás ven en tus ojos la libertad pugnando por salir, el cómo  no aceptas tu papel en la sociedad ni el de los demás. Sabes que pueden ver que estás a punto de explotar. Por eso nadie pregunta, temen que la onda expansiva sea demasiado grande. Tan sólo sigues corriendo. Quizá llegues a algún lugar mejor en el que  mujeres y hombres sean iguales, en el que éstas no tengan que parecer débiles y éstos puedan mostrar sus sentimientos. Quizá ese lugar sea peor y tengas que volver suplicando el perdón de aquellos a los que detestas y asumir el papel que te ha tocado desempeñar desde tu nacimiento, ahogando todos tus sentimientos. Quizá sólo puedas ser libre en instantes como éste…No, libre no, porque para ti la libertad actual es como el espejismo de un oasis en medio de un desierto cuado te encuentras cansado y sediento. Un espejismo al que te empeñas en llegar gastando el último de tus alientos porque crees que por fin has conseguido aquello que ansias, sintiéndote feliz por haberlo conseguido, pero luego te das cuenta que has sido engañada y el oasis es tan sólo arena que se escapa entre tus dedos. No, definitivamente, aquí no puedes ser libre por lo que continúas tu camino. Quizá no llegues a ninguna parte. Algo tienes claro: cuando la libertad explota, cuando tus pies corren solos y veloces sin que tú quieras, cuando tu corazón late desenfrenadamente y tienes la necesidad de salir corriendo, no te pares o morirás por dentro y no serás más que una marioneta que moverán a su gusto.
Por eso tú, ángel con cadenas, sigues avanzando dejando tras de ti la huella de tus pies, abriendo un camino nuevo y desconocido, cargado de esperanzas y temores. A lo lejos, tan sólo una sombra que se pierde en la oscuridad. Quizá no puedas volar, pero puedes correr más rápido.